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29 enero Crónicas de AgoniaEl llanto, la lluvia y el hermano.
Esa lluvia constante pero en pequeñas dosis, que lleva días cayendo y ya no cae, no cae porque ha cambiado de sitio. Ahora el cielo son mis ojos y siguen con esa lluvia constante. Querrían hacer la gran tormenta, querrían tronar, relampaguear, pegar el chubasco de sus vidas, pero no lo consiguen: para eso necesitarían soledad física. Soledad física para llorar la soledad psicológica, la que de verdad duele.
Tengo un dolor en el pecho, en los pulmones, en el cerebro, en la nariz y en los ojos. Un dolor oscuro y estúpido, porque sé que es dolor en vano, sé que no tendría que doler, pero en muchos años no había yo sentido algo similar. Esta vez es definitivo y lo sé. Y tiene sus cosas buenas, pero, joder, duele.
Mi hermano se ha ido. Aquel futuro que nunca llegaba, aquel mañana por venir, es ya hoy y mañana será ayer. Y no es que se vaya a París por putos seis meses, no. No es que no le vaya a ver casi nunca, ni vaya a salir de fiesta con él (siquiera una vez al mes), no es que vayamos a empezar a no saberlo todo de la vida del otro, no. No es que ya no le tenga para superar las crisis familiares, ni para giñar sin razón sobre la pesadez de mi padre o cualquier otra cosa, ni para hacer el cachondeo cuando vuelva a casa después de una mierda de día, ni que en casa ya no haya nadie que me entienda, no. Es todo eso y más. Porque eso ya había pasado, pero siempre por tiempo concreto: ahora es indefinido. Que sí, que vuelve en julio, pero como persona inteligente y normal que es, al igual vulve a casa. Ya no vuelve. Es el último paso hacia su independencia y mi soledad casera. Soledad que no se haría tan dura si no fuera tan solo psicológica. Quiero yo también salir. Yo no quiero vivir con mis padres y sin mi hermano, no me parece un trato justo. No quiero ser hija única después de tener al hermano ideal: el hermano-amigo aunque protector de vez en cuando, el hermano melón y molón, educador y corruptor... lo que sea, mi puto hermano, joder.
Eso no quiere decir que no me alegre por él, ni que no quiera que le vaya todo bien (o que no sepa que le va a ir todo bien). Claro que lo sé, y claro que lo quiero. Pero joder, ¿quien no puede entender que duele? ¿Alguien me puede explicar cómo volver a hinchar el corazón cuando se ha quedado hecho una pasita? ¿Alguien me puede ayudar? Comentarios (2)Para agregar un comentario, inicia sesión con tu cuenta de Windows Live ID (si utilizas Hotmail, Messenger o Xbox LIVE, ya tienes una cuenta de Windows Live ID). Iniciar sesión ¿No tienes una cuenta de Windows Live ID? Regístrate
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