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El retorno del yo

(es un título temporal...)
29 agosto

El calmado ruido de la ciudad

En ocasiones me quedo sola en casa a estas horas, por la noche, y salgo a la terraza.
Hoy, como en tantas otras ocasiones, ha sido mi momento de tranquilidad, de paz interior: dejo atrás las culpabilidades y me siento bien sin pensar que tendría que estar haciendo otras cosas (a estas horas ya no se tiene que hacer nada). Dejo atrás el pensar en qué debería haber hecho y no he hecho. Salgo y escucho el silencio urbano. No es un silencio silencioso, es ruido. Son coches, televisiones, alguna puerta que se abre para cerrarse al cabo de poco. Pero es un ruido calmado, muy diferente al que se escucha durante el día. Es un ruido relajante, constante, con sus más y sus menos: las motomierdas atronando la calle entera y los momentos, breves, en los que ningún coche circula.
Me gusta salir a la terraza por la noche, sabiéndome sola y más acompañada que nunca, tomando el último respiro del día.
04 julio

DA VAKANSAAAAAAAAAAAAAS

VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
VAKANSAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
 
 
 
(vacasionesss)
30 junio

final de curs, al fi

ja estem. Tot acabat. Ja no podem fer res per canviar els nostres destins notoris (de notes, no de notorietat) i la tranquilitat intenta tornar a apoderar-se  mica en mica del meu cervell. Quina calma, quina tranquilitat. Una platja i molta gent, una piscina i quatre gats. Què millor. Res millor. Tot i res, tranquil·lament, el que sigui, serà i ja no ho podem canviar. No hem de decidir ni actuar. Després de 9 mesos d'haver-ho de fer tot sempre. De fer-ho, quasi tot, quasi sempre. I ara res. O tot.
 
 
Reflexió, relax, pilot automàtic, muñeca chochona y perrito piloto...
22 junio

no puedo más

Harta de las asignaturas vacías, obvias o estúpidas (que me digan quién coño está suficientemente tarado como para tener una "necesidad de método experimental como instrumento deinvestigación científica en el campo de la interpretación" o para darlo como temario de clase), me deshago en simpatías con mis más allegados, que tampoco están en el más álgido de sus momentos. A la gente se le han acabado los temas de conversación no ligados a la puta universidad y los putos exámenes, y encima todos decimos lo mismo. El vacío viene a mi. Este es uno de aquellos momentos en los que si supiera cuál es de todas mi pasión, dejaría sin pensármelo dos veces, ni una y media, ni una apenas, la carrera de mierda en la que me metí hará ya tres años.
 
 
Hala, a chuparla.
19 junio

mf

me lo perdono porque estoy de exámenes, y si no, pues me encontraría cualquier otra excusa para perdonármelo. Pero, qué quereis que os diga, no lo puedo (¿quiero?) evitar. Así que hala, suerte con los exámenes y a chuparla.
10 junio

Mal, mal!

Ya está, ya lo he hecho, ya me he saltado un día y puede que un día no sea nada, pero es, señores, si lo que se quiere es recuperar la constancia perdida.
 
Creo que en algun momento la escritura fue el vivir otra vez lo que ya había vivido. De hecho creo que fue siempre. Pocas veces, más que en relatos cortos sin más nada que la propia gracia del escribirlo, de inventarte la historia y ponerla en palabras, del esfuerzo relativo que supone el escribirlo no ya correctamente sino, además, de forma que te guste, pocas veces, decía, he escrito cosas que no he vivido. Todo lo que escribimos tiene origen en lo que sí que hemos vivido, o en la imaginación vívida de alguna cosa. Los pensamientos, la metaliteratura, la filosofía... ¿acaso no los vivimos? ¿Vivimos los pensamientos? ¿La razón? ¿La pasión? ¿Es sólo vivencia lo que hacemos o también lo que pensamos? Entonces, cuando inventamos, es pensamiento, ¿es vivencia? ¿Y lo que leemos?
 
Ya, este razonamiento no lleva a ninguna parte: las dos cosas lógicas son contradictorias.
 
Me gustaría reinventar mi escritura, o darle más matices, más formas, más ideas, que no fuera siempre (o mayoritáriamente) un reflejo claro de lo que he vivido, que se tuviera que escarbar un poco para encontrar el paralelismo con la realidad.
 
El otro día, por ejemplo, en traducción, nos hicieron escribir otra versión de la Caperucita Roja. Ya, es cansino, siempre lo mismo y siempre diferente, todos le han (hemos) intentado encontrar diferentes matices a la historia, diferentes realidades, diferentes contextualizaciones, pero la historia es la misma. Caperucita o el Lobo son siempre los protagonistas, el Lobo puede ser metáfora de mil cosas, puede engañar a Caperucita o la puede convencer, persuadir. Y me sigue sonando a la misma vieja historia.
 
¿Y qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? (Que si no comes tocino correrás más, seguramente). Pues yo intenté (en vano) alejarme de eso y le di a la Abuela un poco más de protagonismo. Era un fragmento de historia y por tanto tampoco es que le diera demasiada vida, pero creo que hubiera podido evolucionar bien. Quizás algun día acabe el relato.
 

La abuela, vaya un personaje. Antes de la tragedia solía contarme cosas de cuando era joven. Recuerdo que siempre empezaba con la historia del coche, aquel precioso coche que sale tantas veces en el álbum. Ella fue la primera de su familia en tener coche, y conducirlo. “¡Y conducirlo! ¿Te puedes imaginar, en una sociedad tan machista como en aquella época, qué era una mujer al volante? Pero me tendrías que haber visto, con los vestidos que me hacía yo, siempre con menos tela de la que decían que necesitaría, tan elegante siempre... también le hacía los vestidos al abuelo, y a tu madre... de hecho, cuando eras pequeñita te hice una preciosa caperucita, toda roja, y cuando se te quedó pequeña me pediste otra, que se te rompió, y entonces otra. Luego ya creciste y, con la adolescencia ya no quisiste más...”. Siempre volvía a la caperucita. Yo recordaba lo cómoda que era y me entristecía cada vez que recordaba que la dejé de usar porque me daba vergüenza... Y ahora que quisiera tener otra, no me la puede hacer: después de la tragedia, cuando la devoró el lobo, salió viva, pero el ácido intestinal le había quemado la retina de los ojos, con lo cual había disminuido su visión, y había sufrido mordeduras importantes en tendones, con lo cual ya no podía coser como antes.

 

Bueno, el final es un poco... brusco y sangriento. Es que vino la señorita y se puso a mirar a mi pantalla mientras yo, incómodamente, intentaba acabar sus deberes. Y encima me dijo que yo no hacía nada. Y me pilló la rabia y, si en un primer momento la abuela era mi tía abuela, en las últimas tres líneas es la vieja bruja tirolesa.

 

Y eso, al menos he escrito por dos días, el de ayer y el de hoy, así q tampoco pasa tanto nada.

08 junio

La Obligación

Hoy he pospuesto muchas veces la actualización de este espacio. La escritura.
 
¿Fue por augurar lo grande que sería el día? Lo dudo; es imposible pensar que un jueves cualquiera se puede convertir en un macrojueves con un par de gotitas mágicas.
 
De buenas a primeras, he podido dormir lo que no pude dormir ayer pensándome que era hoy. Primera alegría. He acabado la puta práctica 8 que ya es más de lo que esperaba hacer en la clase de NTT de hoy. No cuenta como alegría. Pero mientras la hacía he hablado con Víctor, el gran Víctor, que hacía mil que no nos veíamos, y hemos decidido quedar para comer. La intención de comer ha evolucionado a la de beber, cerveza tras cerveza, para substituir a la comida. Así que, cuando he acabado de quedar con él y he acabado la práctica, me he ido a la terracita y me he encontrado a la Queralt, que me ha hecho compañía mientras me tomaba la oferta semanal (frankfurt y birra). El encuentro con Víctor, genial. Mis hombros rojos como una gamba como que se resienten un poquillo, pero entre el solete, la compañía, las cervezuelas y demás, he acabado yendo en las mejores condiciones a dar mi clase semanal de inglés.
 
Luego para casa, me ha venido Fran a buscar, xxx, luego una orchata y luego peli, tumbada en su regazo mientras él jugueteaba con mis pelos. Cuanta calma, cuanto cariño.
 
*SuspirO*
 
Y de cena, pizza y Becker.
 
Y han pillado al Ricard en la Hoffmann =D
07 junio

Seguir escribiendo.

Lo sé, no tengo porqué escribir cada día y a la vez que es producente es contraproducente porque lo que escribes porque te obligas normalmente no dice nada o lo dice mal. Pero como aun siendo esto un espacio público lo hago por mi y se que necesito al menos una temporadita de escribir "obligada" (para poder luego volver a escribir por placer, cuando quiera, lo que quiera, con ideas y creatividad y demás), pues hala, a joderse y a escribir. Tengo que volver a escribir. Tengo que seguir escribiendo. Aunque no sepa qué decir.
 
Lo de los sms, ya está superado. No hay tanto drama, es como perder el móvil pero sin el puteo de perder los números de teléfono.
 
Hoy ha sido un día raro, bueno y malo y todo lo contrario. He pasado ratos psé, ratos yuhuu, ratos puagh... Y al final, por la noche, me he reencontrado con el cielo de Barcelona. Rayos de una lucidez pasada han vuelto a recorrer mis connexiones neurológicas, las que hace tiempo que están inconnexas, y me han devuelto la mirada crítica y cómoda, la mirada exhaustiva por encima, el encuentro de la fealdad buscando la belleza y el de la belleza entre tanta fealdad. El sentimiento de libertad emparedada, tan aguda y tan obtusa, torpe tal que ágil. Obviamente, ante tanta contradicción, las emociones provocadas han ido por todos lados, entre la euforia y la tristeza (que no entre la alegría y la depresión).
 
Hay que ver qué cosas tan raras, esto de las emociones, los sentimientos y demás...
 
Por cierto, ¿alguien que sepa explicarme por qué la belleza nos causa bienestar?
06 junio

He vuelto porque he perdido los sms de toda una vida

Decidí hace mucho dejar este blog y ahora he vuelto. El motivo: la tristeza. La causa del motivo: he borrado por error todos los mensajes que había decidido guardar hasta la fecha en mi móvil. ¿Estúpida? Sí, pero no tanto como para hacerlo expresamente, aunque sí tanto como para hacerlo sin querer. No se cuál de las dos opciones es más estúpida y, sinceramente, en este momento me da igual. He perdido tantos mensajes...
 
A lo largo de estos años con móvil he luchado de mil maneras contra la falta de espacio para guardar mensajes. Cada mensaje ha sido sometido a un filtro detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro... uno cada vez que se me acababa el espacio disponible. Tantas veces he tenido que soportar durante días y días el maldito mensaje de "message memory almost full" y el aún más odioso "No space for new messages"... Los mensajes que quedaban ahí eran mensajes significativos. Mensajes de gentes, de épocas, de sitios... irrepetibles.
 
Mi madre me ha dicho "has perdido los mensajes, no las personas". Me ha calmado durante un rato, hasta que he empezado a recordar mensajes concretos: "I miss u" decía Till pocas horas después de irse de Viena. "Te quiero. Sólo quería decírtelo" me dijo mi madre cuando las cosas en familia no iban sobre ruedas. "Que tal los élite?" preguntaba mi hermano. Tenía otro de Stirling diciendo que le había tocado un vuelo a España y que vendría a verme, y que estaba "longing to sleep with ya", de hecho desde siempre, una inocentada de un amigo suyo. Tenía mensajes de cumpleaños, mensajes de fin de año, mensajes de borracheras míticas (de la Queralt sobre todo), mensajes deseándome suerte en Viena (uno de la Eli, otro de la Tere), mensajes de apoyo (el Andreu) o simplemente curiosos por cortos (el Ricard), largos o incomprensibles; dos mensajes iguales con nombres diferentes, típico del Albert y el Andreu... De Silvia, de Asturias, y Amaia; de Nacho, Jorge y Mirra llamándome "pekeña punki" y en la última despedida, de Guillermo diciéndonos que no vendría a dormir a la resi, que le sabía muy mal pero se iba con Ola y que nos veríamos en el aeropuerto. Pirkka antes que ellos, Guillem después, del Truji dos o tres muy raros de cuando estaba en Viena (uno sobre el arroz, otro sobre "tomate" y otro de congratulaciones), mensajes del Jusep en diferentes épocas, a Víctor le gustó V de Vendetta...
 
Podría seguir con las enumeraciones, intentar recordar todo lo que había antes de cometer ese gran acto de estupidez, podría seguir llorando, y lo voy a hacer, pero me voy a justificar. Visto así, de buenas a primeras, parece aún más estúpido llorar por la pérdida que la pérdida en sí, pero seguro que si se os quema la correspondencia que habeis mantenido durante años con alguien, con muchos alguienes, con gente que sabeis que no vais a volver a ver o gente que ya no forma parte de vuestra vida, pero que en su momento ha estado ahí y ha hecho bien... si se os queman las cartas, duele. Y por qué va a ser más banal un sms que una carta, ¿por ser más corto y peor escrito? vaya estupidez, expresan igual lo que quieren decir. Tienen la misma función recordatoria, es el mismo fetiche.
 
Y quedarte sin ninguno, de golpe.
29 enero

Crónicas de Agonia

El llanto, la lluvia y el hermano.
 
Esa lluvia constante pero en pequeñas dosis, que lleva días cayendo y ya no cae, no cae porque ha cambiado de sitio. Ahora el cielo son mis ojos y siguen con esa lluvia constante. Querrían hacer la gran tormenta, querrían tronar, relampaguear, pegar el chubasco de sus vidas, pero no lo consiguen: para eso necesitarían soledad física. Soledad física para llorar la soledad psicológica, la que de verdad duele.
 
Tengo un dolor en el pecho, en los pulmones, en el cerebro, en la nariz y en los ojos. Un dolor oscuro y estúpido, porque sé que es dolor en vano, sé que no tendría que doler, pero en muchos años no había yo sentido algo similar. Esta vez es definitivo y lo sé. Y tiene sus cosas buenas, pero, joder, duele.
 
Mi hermano se ha ido. Aquel futuro que nunca llegaba, aquel mañana por venir, es ya hoy y mañana será ayer. Y no es que se vaya a París por putos seis meses, no. No es que no le vaya a ver casi nunca, ni vaya a salir de fiesta con él (siquiera una vez al mes), no es que vayamos a empezar a no saberlo todo de la vida del otro, no. No es que ya no le tenga para superar las crisis familiares, ni para giñar sin razón sobre la pesadez de mi padre o cualquier otra cosa, ni para hacer el cachondeo cuando vuelva a casa después de una mierda de día, ni que en casa ya no haya nadie que me entienda, no. Es todo eso y más. Porque eso ya había pasado, pero siempre por tiempo concreto: ahora es indefinido. Que sí, que vuelve en julio, pero como persona inteligente y normal que es, al igual vulve a casa. Ya no vuelve. Es el último paso hacia su independencia y mi soledad casera. Soledad que no se haría tan dura si no fuera tan solo psicológica. Quiero yo también salir. Yo no quiero vivir con mis padres y sin mi hermano, no me parece un trato justo. No quiero ser hija única después de tener al hermano ideal: el hermano-amigo aunque protector de vez en cuando, el hermano melón y molón, educador y corruptor... lo que sea, mi puto hermano, joder.
 
Eso no quiere decir que no me alegre por él, ni que no quiera que le vaya todo bien (o que no sepa que le va a ir todo bien). Claro que lo sé, y claro que lo quiero. Pero joder, ¿quien no puede entender que duele? ¿Alguien me puede explicar cómo volver a hinchar el corazón cuando se ha quedado hecho una pasita? ¿Alguien me puede ayudar?
 
Foto 1 de 36

Lion Zion

Ocupación
Ubicación
Intereses
Según quien me describa soy de una manera o de otra.
Una cosa es ser adaptable y otra que la gente no sepa definir carácteres.Yo misma ni me describo ni defino más que por mis actos.
(Todo es falso, ¿Información de qué? shhh no digais nada...)
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